Desde la desaparición de la niña Brianna Genao Rosario, de tres años de edad, el pasado 31 de diciembre, la vida en la comunidad de Barrero cambió de forma drástica. La tranquilidad que durante décadas caracterizó a este pequeño paraje agrícola fue sustituida por el miedo, el silencio y la desconfianza.
Campesinos que antes salían de madrugada a sus conucos hoy permanecen encerrados en sus casas. Comerciantes que vivían del poco movimiento local, han visto caer sus ingresos a cero. La comunidad, de calles estrechas y vínculos familiares profundos, se paralizó.
“Después de las siete de la noche aquí no se ve un ser humano”, relata el comerciante Fermín Sosa Rosario, con más de 30 años viviendo en Barrero. “Esto siempre fue un lugar tranquilo, un ensanche chiquitico. Aquí nunca se veían problemas, ni atracos, ni pleitos. Hoy la gente vive asustada”.
